Alfonsina y el mar
Letra de Ariel Ramírez y Félix Luna
Música de Ariel Ramírez
I
Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve mas,
un sendero solo de pena y silencio
llegó hasta el agua profunda,
un sendero solo de penas mudas
llegó hasta la espuma.
II
Sabe Dios qué angustia te acompañó…
qué dolores viejos calló tu voz,
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas
la canción que canta,
en el fondo oscuro del mar, la caracola.
III
Te vas Alfonsina con tu soledad…
qué poemas nuevos fuiste a buscar,
una voz antigua de viento y de sal,
te requiebra el alma y la está llevando,
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.
IV
Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral,
y fosforescentes caballos marinos
harán una ronda a tu lado,
y los habitantes del agua
van a jugar pronto a tu lado.
V
Bájame la lámpara un poco mas…
dejame que duerma, nodriza en paz,
y si llama él no le digas que estoy
dile que Alfonsina no vuelve…
y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.
VI
Te vas Alfonsina con tu soledad…
qué poemas nuevos fuiste a buscar,
una voz antigua de viento y de sal
que requiebra el alma y la está llevando,
y te vas hacia allá, como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.
Aquí se pueden leer más poemas de Alfonsina Estorni, pero no me he resistido a traer a esta página los dos que siguen:
Frente al mar
Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
“Piedad, piedad para el que más ofenda”.
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría…
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!… ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele…
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.
La Sirena
Llévate el torbellino de las horas
y el cobalto del cielo y el ropaje
de mi árbol de septiembre y la mirada
del que me abría soles en el pecho.
Apágame las rosas de la cara
y espántame la risa de los labios
y mezquíname el pan entre los dientes,
vida; y el ramo de mis versos, niega.
Más déjame la máquina de azules
que suelta sus poleas en la frente
y un pensamiento vivo entre las ruinas;
lo haré alentar como sirena en campo
de mutilados y las rotas nubes
por él se harán al cielo, vela en alto.